Cuentos y cuentitos, historias, anécdotas, pensamientos inarticulados, leyendas, rimas, coplas, novelas o sagas. Vivimos narrando y viviendo narramos. La escritura es sacarle una foto a ese flujo inasible de relatos que nos atraviesa todo el tiempo.

lunes, 24 de junio de 2024

El aedo y el soldado

El aedo terminó de cantar y se hizo un silencio alrededor del fogón. Se oyó una voz cascada:

-No fue así. Recuerdo el olor del campamento, olor a peste, muertos, vino, vómito y sudor. Recuerdo que nos cansábamos mas recogiendo los tantos muertos del campo de batalla que peleando. Recuerdo que los jefes se gritaban cosas entre sí, no se lo que decían. ¿Combates gloriosos? Ni siquiera veías la lanza que te mataba, solo era cuestión de levantar el escudo aunque el brazo te doliera a morir, porque bajarlo era morir de verdad. Recuerdo sí cuando zarpamos, los bonitos discursos y las promesas de botín. La mayoría de mis compañeros no consiguió ni leña para ser quemados como debe ser. ¿Y dices que hubo un caballo de madera? El hijo de puta de Odiseo, que como no le habían repartido ninguna doncella para su diversión estaba mas apurado en volver a Ítaca que borracho por mear, sobornó a un par de soldados troyanos para que nos abrieran las puertas Esceas. Los mató ni bien entramos. 

Esa es la verdad Aedo, yo estuve allí.

-Tú tienes ojos, soldado. Tú ves la realidad. Yo estoy ciego, yo veo la historia. Esa será la verdad.

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