Cuentos y cuentitos, historias, anécdotas, pensamientos inarticulados, leyendas, rimas, coplas, novelas o sagas. Vivimos narrando y viviendo narramos. La escritura es sacarle una foto a ese flujo inasible de relatos que nos atraviesa todo el tiempo.

lunes, 24 de junio de 2024

Héctor y Helena

Debería odiarla, pensó, debería matarla, pero ¿Cómo odiar tanta belleza? Héctor trató de no ver las lágrimas que brotaban de esos ojos de almendra, la recta nariz que apuntaba a la boca perfecta. Los labios rojos como una fruta a punto de ser mordida. Abajo, su memoria agregaba dos pechos erguidos todavía, los pezones rosados apuntando al cielo. Más abajo, el ombligo delicioso y la curva del vientre. A veces, podía llegar a entender a su hermano.

Se fue bruscamente, sin esperar a Alejandro. Sus pasos lo condujeron en busca de Andrómaca, que no entendía su destino. Que le reprochaba no emprender una guerra de cobardes, que lo urgía a buscar refugio, a esquivar la muerte. No entendía lo que le costaba no salir al encuentro de Diomedes, a ver quién de los dos podía más. Cómo explicarle que debía pelear por ambos, por él y por ese hermano que había nacido en el tiempo equivocado, que se había enamorado de la mujer equivocada, ese hermano que tanto amaba y odiaba. Solo estando en la primera línea de la batalla, un paso delante de los demás soldados podía ver a los troyanos a la cara. Cómo explicarle que algo en él moría con cada troyano que caía en el campo de batalla.

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