Cuentos y cuentitos, historias, anécdotas, pensamientos inarticulados, leyendas, rimas, coplas, novelas o sagas. Vivimos narrando y viviendo narramos. La escritura es sacarle una foto a ese flujo inasible de relatos que nos atraviesa todo el tiempo.

lunes, 24 de junio de 2024

Héctor y la mujer

 Héctor entró a la celda todavía desorientado. La mujer estaba desnuda, custodiada por dos soldados, pero no atinaba ni a cubrirse.

-Esta es la mujer que capturamos –dijo uno de los soldados innecesariamente.

Héctor la miró con desprecio.

-Ni siquiera eres bella, ni joven ¿Tan mal gusto tienen los aqueos que malgastan las riquezas que nos arrebatan en tí? ¿Y tú, tanto aborreces a los troyanos que entregas tu cuerpo a los aqueos, nuestros enemigos, que no dudaran un instante en matarte cuando tomen Troya?

-¿Qué sabes tú de entregar el cuerpo? ¿Qué sabes de hambre y llantos? Arropado en tu palacio, tu hijo duerme la noche entera, alimentado por dos nodrizas. Los aqueos pagan, y es más de lo que se puede decir de los troyanos.

Héctor adelantó un paso.

-No me deshonraré golpeándote ¿Qué sé yo de entregar el cuerpo? ¿Crees que éste me pertenece? Pertenece a Troya y a los dioses, y cuando quieran lo reclamarán. Todas las noches lo sueño ¿Crees que me asustaras? Dime que pasa en el campamento aqueo ¿Tienes orejas además de vagina?

-La peste, la cólera de Apolo, azuzado por el sacerdote Crises, que quiere que le devuelvan a su hija Criseida no quiere entregarla y ha amenazado con tomar el botín de cualquiera de los otros jefes, sólo Aquiles se le ha opuesto.

Aquiles, pensó Héctor, la cólera de nuestro peor enemigo puede ser nuestra mejor aliada.

-Te he dicho lo que sabía ¿Puedo irme?

-Has confraternizado con el enemigo, ahora en el campo de batalla se vanagloriarán de que pueden poseer nuestras mujeres como si fuéramos los cornudos de Menelao ¡Quémenla en el templo de Apolo!

El escudero de Héctor habló –Héctor, no creo que eso sea del agrado del dios del arco, del que hiere de lejos. Mírala, esta mujer vale menos que nada.

-Es cierto ¿Dices que en el campamento aqueo hay peste?

-Sí, primero comenzaron a morir los perros y los caballos, pero ahora mueren los hombres, guerreros fuertes en menos de tres días se convierten en despojos.

-Sea, envíenla de vuelta al campamento, ha compartido su cuerpo a cambio de dinero aqueo, que comparta su muerte.

Cuando los gritos se apagaron Héctor se volvió hacia su escudero.

-Busca a los hijos de la mujer. Si son varones mándalos a las cocinas de mi palacio, a los que estén en edad que comiencen a entrenar.

-¿Y si son mujeres?

Héctor se encogió de hombros y volvió a su cama, donde lo esperaba una mujer de hielo y una pesadilla de muerte repetida. Aquiles y Agamenón enfrentados, por primera vez desde que viera descender a Aquiles de los barcos, una llama de esperanza anidaba en su pecho.

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